Sebastián Pesoa, quien alguna vez fue alumno de la Escuela Agraria, ha asumido el cargo de director de la institución. Su historia demuestra que la dedicación, el esfuerzo y el apoyo familiar pueden convertir los sueños en realidad.
Tras culminar su educación secundaria en Berlín, Sebastián decidió orientarse hacia el área agraria e ingresó a la Escuela Agraria, donde pasó dos años en el internado rural, experiencia que fortaleció su carácter y le permitió desarrollar un vínculo profundo con la vida del campo. Allí obtuvo el título de idóneo en lechería y descubrió, gracias a la influencia de sus docentes, la motivación para seguir creciendo académicamente.
Su camino no se detuvo allí: finalizó el liceo, continuó en la Facultad de Agronomía y en 2022 se graduó como ingeniero agrónomo. Durante ese proceso, también trabajó como pasante en la propia Escuela Agraria, combinando sus estudios con la experiencia laboral. Esa doble formación le permitió no solo adquirir conocimientos prácticos, sino también consolidar la relación con la institución que años después dirigiría.
“Siempre quise volver a la escuela. Desde mis días como estudiante les decía a mis profesores que algún día sería el director”, recuerda Sebastián, con la misma pasión que lo caracteriza desde joven. Hoy, como responsable máximo de la institución, busca fomentar la participación activa de los estudiantes en la toma de decisiones y mejorar la experiencia educativa en su conjunto.
La trayectoria de Sebastián Pesoa es un ejemplo inspirador para las nuevas generaciones: demuestra que el esfuerzo, la formación y el compromiso con la comunidad abren puertas hacia un futuro prometedor. Desde su lugar de director, transmite a sus alumnos un mensaje claro: los sueños son alcanzables cuando se cultivan con perseverancia y pasión.