En Fray Bentos, la historia de Leda Magallanes refleja una realidad silenciosa que atraviesan muchas familias. Con preocupación y cansancio, decidió hacer pública la situación de su hijo de 25 años, quien enfrenta problemas de consumo desde hace aproximadamente un año, y cuya situación se ha agravado en los últimos meses, “ pasó de la marihuana a la pasta base”
Según relató, el joven comenzó recientemente a robar dentro del hogar para sostener su adicción. Entre los episodios que más la afectaron, mencionó la venta de una herramienta de trabajo que ella le había comprado con esfuerzo. “Ahí sentí que necesitaba ayuda urgente”, expresó.
En su búsqueda de respuestas, acudió a dependencias policiales, pero le informaron que no puede denunciar a su hijo por tratarse de un familiar directo. La alternativa de una orden de alejamiento no es una opción que contemple. “No quiero echarlo, quiero que salga de esto”, explicó.
También intentó acceder a tratamientos, pero encontró obstáculos. Señaló que los servicios públicos dependen en gran medida de la voluntad del paciente, algo difícil de sostener en este tipo de situaciones, “ como el hay varios chicos que antes lo veía en las canchas jugando al fútbol y hoy revisan volquetas”. Las opciones privadas, en tanto, resultan inaccesibles por sus costos, mientras que la internación psiquiátrica no responde a lo que considera una solución de fondo.
Magallanes reconoce que esta realidad la llevó a mirar el problema desde otro lugar. “Antes uno ve estas cosas de lejos, pero cuando te toca, es distinto”, dijo. Además, rechazó los prejuicios que suelen recaer sobre las familias, subrayando que su hijo no fue criado en un entorno que promoviera este tipo de conductas.
Con su testimonio, la madre busca que la problemática tenga mayor visibilidad. Sin dramatizar, pero con claridad, su relato deja en evidencia una preocupación que va más allá de un caso individual y que interpela a toda la comunidad.





























