A un año y medio de haber recuperado la libertad, Rubén Rodríguez enfrenta una realidad que, asegura, es común para miles de personas que salen del sistema penitenciario: la dificultad para reinsertarse laboralmente.
“Salí después de estar mucho tiempo preso y me encontré con que no tenía trabajo ni un lugar donde estar. No tenía solución”, relata. Desde entonces, ha entregado currículums en distintos lugares, pero no ha logrado una oportunidad estable. “Quizás por mi edad no podré conseguir trabajo, pero es más difícil todavía para los jóvenes que salen y no tienen estudio ni experiencia”, afirma.
Rubén señala que el primer obstáculo al intentar acceder a un empleo son los antecedentes penales. “Cuando salís, lo primero que te miran son los antecedentes. Mi primer antecedente es del año 94”, cuenta. Reconoce que estuvo preso por rapiña y asegura estar arrepentido. “La última vez que me pasó me di cuenta del valor del dinero y lo difícil que es ganarlo. Lo aprendí trabajando. Robé por necesidad”, sostiene.
Según datos del Instituto Nacional de Rehabilitación, en Uruguay hay alrededor de 17.000 personas privadas de libertad. Para Rodríguez, el desafío no termina al salir: “El sistema te lleva a reincidir si no tenés una oportunidad. Es todo un negocio”, opina.
En su proceso de reinserción, recibió apoyo del Ministerio de Desarrollo Social (MIDES), que le facilitó un lugar en refugio, una canasta de alimentos y la posibilidad de acceder a un empleo durante siete meses. “Ellos hacen su esfuerzo, pero no tienen los recursos suficientes”, señala. También realizó cursos de cocina y obtuvo el carné de manipulación de alimentos.
Antes, la asistencia a personas liberadas estaba bajo la órbita del Patronato del Encarcelado —hoy sustituido en sus funciones por programas estatales—, aunque Rodríguez entiende que los apoyos actuales no alcanzan para cubrir la demanda existente.
Con la intención de generar una alternativa, proyecta impulsar una chacra productiva donde personas que recuperan la libertad puedan trabajar y generar ingresos de forma digna. “Que aprendan que la plata se gana con sacrificio, todos los días. Ojalá se pudiera armar algo y que cuando salgan no vuelvan a delinquir”, expresa.
Actualmente, continúa en la búsqueda de empleo. Su currículum fue impreso en la Intendencia, donde se anotó al último llamado laboral, y lo ha entregado en varios lugares pero hasta ahora no ha tenido respuestas. Mientras tanto, insiste en que la reinserción real requiere trabajo y oportunidades concretas. “Yo estoy arrepentido. Lo que necesito es que me den la oportunidad de demostrar que puedo hacer las cosas bien”, concluye.
Indicó que ha hecho cursos de cocina y tiene carnet de manipulación de alimentos.






























